Destrucción, sangre, estupidez. Aeropuerto, Metro, Bruselas, fanáticos fundamentalistas, fallos de la seguridad. ¿Siglo XXI?
Cuesta creer que vivo en este siglo. Porque siguen los odios, y la violencia, y los desencuentros, y las diferencias abismales entre ricos y pobres, y adictos y enganches a religiones como única y fantasiosa esperanza.
Parece que hace demasiado poco que bajamos del árbol y tenemos una tremenda sordera común. Las religiones como rémoras para la libertad y la felicidad de los seres humanos.
Hay gente que no solo no tiene nada que perder, y además se dedican a joder la vida a los demás. Distribución de la riqueza. No existe una comunicación real porque está prensada y arruinada por el terrible monstruo del maniqueísmo. Los buenos y los malos, los mejores y los peores, mi dios es mejor que el tuyo y el único verdadero: niños.
Destructividad. Capacidad de hacer el salvaje y el psicópata sin miramientos. Leyes de venganza y de talión. ¿Qué es un suicida? Sencillamente, un desgraciado. ¿Qué es la inteligencia sin diplomacia para paliar en lo posible radicalismos? La policía belga ha vuelto a hacer el ridículo. Luego no somos tan inteligentes y tenemos que estudiar más. Defiendo como ciudadano del mundo una mayor seguridad cuando voy por las calles y exijo que no hayan sobresaltos de simios que no parecen conocer el placer de la paz. Desesperados y extraños.
Pesimista y real a un tiempo. Mis representantes los blanquitos se niegan a involucrarse en los problemas y el mundo se torna policial y ramplón. Decepcionante. Mi mundo es otro. Sí se puede. Es un mundo sosegado en donde los pájaros cruzan la primavera entre árboles libres llenos de sabrosos frutos.
Darwin sabía de lo que hablaba. La evolución de la especie. Nada de dioses ni de apelaciones agresivas desde tales deidades. Parece que estamos en guerra y no se sabe muy bien por qué y contra quién. Seguramente la clave está en la ceguera mutua.
-UNA SOCIEDAD PREOCUPANTE-