Tú no me mirabas como yo a ti. Tú empezaste a ilusionarte y a querer más cosas. Porque te aliaste con la fantasía de tu deseo y decidiste seguir por el camino de tu en medio.
Yo no lo vi venir. Y cuando me empecé a percatar de que habías dado un paso más al frente que yo, entonces me sentí culpable. Te estaba hiriendo los sentimientos y no lo sabía. Y pensé en las cantidad de hombres que había, y que te habías equivocado, y que te habías liado absurdamente, y que no conseguías reducir el nudo.
Sí. Te vi entregada, y yo pensé que no eran las cosas para tanto. Algo habría hecho yo sin darme cuenta que propiciase tu ilusión no compartida por mi.
Tú eres educada, y disimulaste, e intentaste hacer ver que no pasaba nada, y que bien, que amigos solamente y sanseacabó, y todas esas cosas que no te creías ni tú. Porque en tus ojos había desilusión evidente y un proyecto sin continuidad.
Yo estuve mucho tiempo callado. Hasta que un día percibí tu silencio mayor, tu distancia progresiva de desmarque y de ubicación auténtica. Y un día dejó de sonar el latido vivo del watsaap y el latigazo impepinable de la llamada del teléfono convencional.
Y nunca pude evitar sentirme preocupado por no haber podido sintonizar con tu realidad. Me disgustó tu ausencia, pero comprendí que no se podía hacer otra cosa más coherente.
-PARA TÍ Y PARA MÍ-