Por mucho que aproveches el calor para mostrar tu cuerpo poderoso de mujer. Por mucho que te pongas ropas que ciñen tu potentísima belleza, por mucho que tus escotes de vértigo hagan ver que tienes dos senos de actriz, por mucho que tu tacones de aguja realcen y suban tu trasero casi carioca, o por mucho que tu rostro maquillado llame a la vista y a la belleza.
Sé que te me haces la que coincides conmigo por las calles, o la que no renuncia a tenerme, o la que me tiene como capricho en tu fantasía cuando te llega el deseo de seducción, o como cuando tu extraña nostalgia te lleva a llamarme y watsapearme a pesar de que lo nuestro ya hace tiempo que se fue.
Has dejado atrás tus complejos tímidos, y ahora te lanzas a la osadía como el otro día que te vi en la playa con un trocito de tela que no te cubría prácticamente nada. Y cuando me viste digamos que sorprendentemente, me invistaste a sentarme al lado de tu toalla y te divertiste con tus nuevos y más jóvenes amigos. Tenías ganas de hacerme rabiar. Pero te equivocabas. Ya no puedes importarme. Ya no estás en mi vida.
Es mejor que lo dejes como yo hice, y que no hurgues ni rasques en lo que ya no tiene remedio. Es mejor que seas tu misma y que elijas una libertad más real y auténtica. Es mejor que no te estanques en la obsesión inane y que sigas caminando en busca de un nuevo modo más destacado de felicidad.
Aún estás joven y desmpampante y siempre sabes gustar. Y sabes que lo mejor de ti no es tu sonrisa electrizante o tu cuerpo de escándalo o tus ojos maravilla. No. Lo mejor de ti es cuando maduras, te das cuenta de que el pasado no es el presente, ni el futuro un imposible de placer.
Tu futuro y yo no se parecen en nada. Mi vida será otra cosa y tu patrimonio vital se desarrollará en ese mismo lugar en donde yo nunca voy a estar. Y tú lo sabes exactamente igual que yo.
¿A QUÉ ESPERAS ENTONCES?